Txapulines al limón

viernes, diciembre 02, 2005

Las mejores películas de los 90 (IV): Cadena perpetua

Cadena perpetua (1994) es un drama carcelario. Este subgénero del drama, que tiene sus máximos representantes en La gran evasión (1963) y Fuga de Alcatraz (1979), vio de nuevo reflejado su esplendor en 1994 de mano del maestro del terror Stephen King (quien perdura maestro aun cuando deja el terror de lado) y de su director: Frank Darabont, quien por entonces no había hecho nada más importante que algún guión para secuelas de clásicos del terror de los 80, como La mosca II o Pesadilla en Elm Street III y que volvió a adaptar a King para La milla verde (1999).

RED: "Estos muros son curiosos. Primero los odias. Luego te acostumbras a ellos. Pasa el tiempo y llegas a depender de ellos."


Como casi todas las del subgénero en cuestión, la trama de Cadena perpetua es la historia de una fuga, la huída de Andy Dufresne, un falso culpable condenado a prisión de por vida por el supuesto asesinato de su mujer y su hijo del amante de ella. Lo interpreta un Tim Robbins con cara de niño-bueno-que-nunca-ha-matado-una-mosca-y-menos-a-su-mujer-e-hijoy-amante, con lo que el espectador, que siempre es bueno, le compadece primero, luego le quiere y finalmente se identifica y le convierte en su alter ego. Pero Andy tiene un amigo, Red (magnífico Morgan Freeman), al que conoce en prisión y que se convertirá en su Pepito Grillo particular, su guía y su conciencia, quien le enseñará a sobrevivir al infierno de la falta de libertad.



Una de las reflexiones más potentes que nos ofrece esta película va sobre el sentido de la libertad. Cuando un hombre lleva veinte, treinta, cuarenta años sin salir de la prisión la única libertad que acaba conociendo es la que hay entre los muros y al salir no le queda nada más que vejez, soledad y un mundo extraño que no quiere descubrir. El abuelo Brooks acaba suicidándose cuando sale después de pasar una vida entre los muros. Todos intuimos que a Red le pasará lo mismo pero finalmente será el bueno de Andy quien dé una oportunidad y una lección de vida a su ya anciano amigo. (Eso de anciano es un suponer, porque pasan veinte años en el transcurso del metraje y Red ya llevaba veinte en la cárcel antes de la llegada de Andy, aún así, los actores no cambian su aspecto lo más mínimo).

RED: "Algunos pájaros no deben ser enjaulados. Sus plumas lucen demasiado. Y cuando finalmente vuelan, la parte de ti que sabía que era un pecado se reconforta. Aún así, el lugar donde vives se vuelve gris y vacío cuando no están. Creo que echo de menos a mi amigo."


Dos secuencias muestran sendos momentos de pseudo-libertad que Andy ofrece a sus compañeros en la cárcel. En el primero, como muestra de agradecimiento de uno de los funcionarios de la prisión por haberle solucionado unos problemas fiscales, les regala una cerveza fresca después de unos trabajos voluntarios en la azotea de una casa. Red lo narra así: "Nos sentamos y bebimos con el sol a nuestras espaldas y nos sentimos como hombres libres. ¡Demonios! ¡Era como si estuviéramos alquitranando el tejado de nuestra propia casa!" El segundo es el momento en que Andy consigue hacer sonar en la gramola del alcaide una ópera de Mozart y la escuchan todos en el patio de la prisión. Red lo narra así: "Esas voces sonaban tan alto y tan potentes que nadie en un lugar tan gris se atrevería a soñar. Era como si algún bello pájaro hubiera entrado en nuestra triste jaula y hubiera hecho que los muros se fundieran. Y por el más breve de los instantes hasta el último hombre en Shawshank se sintió libre." Pero un fotograma muestra la imagen de la libertad. Andy acaba de salir de las cloacas por donde ha escapado cubierto de mierda. Llueve. Un plano picado le muestra desde arriba mientras él extiende los brazos y mira al cielo como tratando de atrapar toda esa agua que cae, que le limpia y que le demuestra que ya, por fin, está fuera.

Andy esperará a Red. Será en México, en Puerto Vallarta Zihuatanejo, al lado del mar, ese océano azul e infinito como la libertad.

RED: "Siento la excitación que sólo un hombre libre puede sentir, un hombre libre al comienzo de un viaje de incierto final. Espero poder cruzar la frontera. Espero ver a mi amigo y darle un abrazo. Espero que el Pacífico sea tan azul como lo he soñado. Así lo espero."