Txapulines al limón

martes, diciembre 20, 2005

Las mejores películas de los 90 (III): Un lugar en el mundo

Un lugar en el mundo (1992) es una historia narrada en flashback a partir de los recuerdos de un postadolescente que regresa al lugar donde pasó su infancia. Como en muchas otras películas (Cinema Paradiso (1989), La lengua de las mariposas (1999), Secretos del corazón (1997), La vida es bella (1997)...) y series de televisión (Aquellos maravillosos años (1988-1993), Cuéntame (desde 2001)), el inocente punto de vista del niño se filtra en el recuerdo del mismo personaje, quien ya adulto se convierte en el narrador de la historia y comprende y nos transmite, no sólo la candidez infantil del despertar sexual, la rebeldía o la incomprensión de sus mayores, sino también los temas más adultos que aparecen insinuados y se acaban convirtiendo en los temas principales de la película. En este caso, la trama es política, pero hay más.

El chaval se llama Ernesto y sus padres Mario (Federico Luppi) y Ana (Cecilia Roth). Sus vidas giran en torno a una cooperativa lanera, donde trabajan dando clases y en un entorno austero, pero más cerca de la Utopía en la que sueña Mario que del mundo capitalista que todo lo engulle. Al pueblo llega Hans (José Sacristán), un geólogo enviado con el objetivo de encontrar petróleo en la zona, y con él llegan los malos presagios. El reparto principal lo completa Nelda (Leonor Benedetto), una monja que también ayuda en la cooperativa.

Dirige Adolfo Aristaráin, quien después hizo la muy disfrutable La ley de la frontera (1995) con Aitana Sánchez-Gijón y recupararía a Luppi y Roth como pareja para la fabulosa Martín (Hache). Ya más recientemente ha hecho Lugares comunes (2002) y Roma (2004). Lo mejor de las pelis de Aristaráin son sus diálogos, que junto con las vibrantes interpretaciones de sus actores y actrices, pone en boca de sus personajes pasajes llenos de pasión, sentimiento, vida, corazón, y hasta rabia contra el mundo. Luppi expresa como nadie la frustración del ideal utópico en la peli que nos ocupa, o la tensión de la relación con su hijo en Martín (Hache). Pero sabemos que la sinceridad del director, guionista y autor Aristaráin es la que está detrás de cada una de esas frases.



Un lugar en el mundo es una tragedia porque en cierto sentido nos muestra la muerte de Utopía. Pero también nos enseña que vale la pena luchar por ese ideal, aunque sólo sea para sentir que estás vivo.

He buscado esta frase, que la había leído en algún lado. Espero que la referencia sea cierta:
Ella estaba en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la Utopía?
Para eso sirve: para caminar.
Eduardo Galeano