Txapulines al limón

viernes, diciembre 23, 2005

Las mejores películas de los 90 (I): Pesadilla antes de Navidad

Pesadilla antes de Navidad (1993) sería la mejor película de Tim Burton si no fuera porque él no es el director. Hacía falta un perfil mucho más técnico para realizar una película enteramente animada en stop-motion y un tal Henry Selick se puso al mando. Selick haría más tarde otra película, ya casi olvidada, usando la misma técnica: James y el melocotón gigante, también producida por Burton y adaptando, como en Charlie y la fábrica de chocolate, un libro de Roald Dahl. Este mismo año, Burton ha producido y codirigido con Mike Johnson, otro director técnico, la auténtica heredera de Pesadilla antes de Navidad: La novia cadáver.

A pesar de no dirigirla, Tim Burton es el auténtico autor de una película donde se encuentran todas sus neuras y obsesiones. Su particular, negro y fantástico mundo está completamente proyectado en la peli: freaks, oscuridad, Frankenstein, perros, maquetas, Danny Elfman, cementerios, leyendas, noche, fantasía, miniaturas, romanticismo, maquillaje, soledad, ironía, amor, sarcasmo, tristeza, ..., son las constantes del cine de Burton. Tim Burton es el artífice, padre y creador de la criatura, bautizada con el nombre de Jack Skellington, quien, como su propio nombre indica, es un esqueleto vestido elegantemente con un traje a rallas verticales negras y blancas y con un murciélago que ejerce de pajarita en funciones. Jack es un personaje digno representante de la galería de freaks que Burton nos ha regalado desde que a principios de los 80 nos encandiló con dos magníficos cortos: Vincent, un homenaje a Vincent Price y a sus películas basadas en relatos de Edgar Allan Poe, y Frankenweenie, esta vez mostrando su admiración a uno de los mitos del cine moderno: Frankenstein. Entre los freaks también se incluyen Bitelchús, una redefinición del superhéroe Batman, Eduardo Manostijeras, Ed Wood, unos marcianos cabezones, un jinete decapitado, un cuentacuentos, un maestro chocolatero y una novia muerta. Entre sus proyectos que nunca llegaron a ser, se encontraba el quinto Superman, que al final estrenará el próximo año en forma de remake de la del 78 el director de los X-Men, Bryan Singer. También se llegó a rumorear que haría una versión de la oscura historia de Sweeney Todd, el barbero asesino de Fleet Street, que hace unos cuantos años pudimos disfrutar en su versión musical en teatro protagonizada por Constantino Romero. Sus grandes obras maestras son Eduardo Manostijeras, Big Fish y Pesadilla antes de Navidad. El resto de sus pelis, menos El Planeta de los Simios, un remake innecesario y una manchita en su filmografía, pisan los talones a estas tres y yo diría que a Sleepy Hollow y La novia cadáver sólo les quedan la perspectiva de los años para que queden al mismo nivel.



Burton ya ideó los personajes de Pesadilla antes de Navidad en su adolescencia (así como a finales de los setenta). Esto se demuestra cuando en una escena de Bitelchús (cinco años antes de la Pesadilla...) el histriónico protagonista va disfrazado de Jack Skellington. Hay más referencias, esta vez posteriores, como cuando modelos de su faz aparecen en un decorado de Ed Wood, o cuando el vestido de la protagonista de Sleepy Hollow en la escena final es también a rallas negras.

... y la imaginación. La inmensa imaginación necesaria para explicarnos la historia de unos personajes que crean y organizan la fiesta de Halloween, en un pueblo llamado precisamente Halloween, donde conviven el hombre lobo, vampiros, el monstruo del lago, brujas, momias, el hombre del saco, el doctor Frankenstein y su creación, la muñeca de trapo, enamorada de nuestro querido protagonista Jack, quien de mascota tiene un perro fantasma llamado Zero. El día que Jack conoce la felicidad que se respira en la ciudad donde se organiza la fiesta de la competencia, la Navidad, decide cambiar de producto y montar la colorida fiesta en su ciudad. Pero la fábrica de pesadillas no está preparada para hacer feliz a nadie por muy buena intención que traigan sus obreros; la misión de un monstruo es horrorizar, y aún hay monstruos que no quieren aceptar su destino. El resultado de todo este conglomerado de fantasía, mitos del terror, oscuridad, monigotes de resina y ... ¡música!, nos olvidábamos de la música, genial inspiración del siempre magnífico, extraño y fiel Danny Elfman, es excelente y delicioso, como un pastelillo de café y chocolate negro, muy negro, a media noche.