Txapulines al limón

lunes, noviembre 14, 2005

Match Point


Que nadie se espere una comedia de Woody Allen. Primero, porque no parece de Woody Allen, y segundo, porque no tiene nada que ver con una comedia. Allen se aparta de todos sus tópicos excepto dos: las relaciones amorosas y las infidelidades, y el inconfundible tipo de letra de los créditos. Ya no hay Nueva York, ahora es Londres. Ya no hay jazz, ahora es ópera. Por no haber, no hay ni Woody Allen actuando, ni un actor que imite su personaje. Y ya no hay comedia, Match Point es, básicamente, un drama. Bueno, excepto en la última parte de la peli, que se convierte en una intriga policial.

En cualquier caso, el género no es lo importante. Sí es cierto que un cambio súbito de género cinematográfico a (más de) media película es algo sorprendente y arriesgado (y personalmente me chirría un poco), y es algo que Woody Allen se puede permitir por ser quien es y porque ya ha intentado antes jugar con la mezcla de géneros en una misma película, sin ir más lejos en la última Melinda y Melinda, donde combinaba drama y comedia. Lo que decía, aun siendo algo experimental y darle un valor añadido, esta combinación de géneros no es lo que hace buena la película. Hasta media hora antes del final, es una buena peli, bien hecha y muy bien interpretada. Pero hay tres escenas casi al final de la peli que ponen la guinda al pastel y la hacen extraordinaria. Sin estropear nada a nadie: una, el anillo volando y golpeando la baranda, dos, el encuentro paranormal, tres, el final, no como escena en sí sino como significado.

Respecto a las interpretaciones, imagino que todos están estupendos, y digo imagino porque, a pesar de que somos la provincia con más cines por habitante, sólo tenemos una sala en la que pongan versiones originales, y suelen ser películas japonesas o francesas. Visualmente, la Scarlet Johansson está tremenda y ¿alguien me puede explicar por qué Jonathan Rhys-Meyers tiene los ojos rojos toda la película?

En definitiva, nos la venden y sí es una película sobre la suerte y sobre esos momentos de la vida en que todo se tuerce hacia un lado o hacia otro (la imagen de la pelota de tenis tocando la red es muy gráfica y simbólica), pero yo, en algún momento, vislumbré todo lo contarario: el fatalista destino de un pobre infeliz.