Txapulines al limón

viernes, octubre 14, 2005

Las mejores películas de los 90 (XI): Balas sobre Broadway

Balas sobre Broadway (1994) es una de esas pocas películas de Woody Allen que se distancia un poco de su tónica habitual; la historia se sitúa en los años 20, lo que permite introducir en la trama unos cuantos gangsters y matones, además de mostrarnos un decorado algo distinto de su Nueva York habitual. Pero no nos engañemos, las neuras y los temas eternos del maestro siguen ahí, que son básicamente dos: las relaciones de pareja, y la relación de un autor con su obra.

David Shayne (John Cusack) es un dramaturgo que, cuando por fin consigue financiación para que una de sus obras se estrene, resulta que viene de parte de un capo mafioso que impone condiciones como que su novia Olive Neal (Jenniffer Tilly) tenga un papel relevante en la obra. Por supuesto los problemas vendrán no sólo de parte de Olive, quien es una pésima actriz, sino de su guardaespaldas Cheech (un fabuloso Chazz Palminteri), quien irá proponiendo cambios en la obra hasta hacerla prácticamente suya. Destaco un par más de interpretaciones que están inconmensurables: Dianne Wiest (que ganó el Oscar como actriz de reparto) como Helen Sinclair, la diva alcohólica que tendrá algún que otro roce con el autor Shayne, y el protagonista de la obra de Shayne, Julian Marx (Jack Warden), con un grave problema de adicción a la comida. Como es fácil adivinar, este argumento le da la pauta al genial director para meterse de forma indirecta con el sistema de Hollywood (algo que años más tarde volvería a hacer de forma más obvia con Un final made in Hollywood), su forma de imponer celebridades en el reparto y los cambios que las productoras obligan a hacer en el guión según sus intereses. El irónico final, que no pienso desvelar, aún refuerza más estas ideas.



Mucha gente que le tiene cierta tirria a Woody Allen (mi padre, entre otros) agradecerá que no participe en la película como actor. Aún así, el papel de John Cusack es el clarísimo alter ego del director, y, al igual que pasaba con Kenneth Branagh en Celebrity, con Sean Penn en Acordes y desacuerdos, y con Will Ferrell en Melinda y Melinda, hace de Woody Allen de una forma extraordinaria.

Woody Allen lleva haciendo una película cada año desde 1982, con la excepción de 1987, año en que hizo dos pelis, y 1991, cuando retrasó Sombras y niebla hasta 1992 y la juntó en el mismo año que Maridos y mujeres. Sin menospreciar en absoluto las diez últimas películas desde Poderosa afrodita hasta la última estrenada Melinda y Melinda, Balas sobre Broadway culmina con Maridos y mujeres, Misterioso asesinato en Manhattan y, quizá, Delitos y faltas, un genial conjunto de películas de principios de los noventa, etapa comparable (y échenme aquí los perros si creen que digo barbaridades) a la de finales de los setenta, con Manhattan y Annie Hall.