Txapulines al limón

viernes, julio 01, 2005

Un fin de semana en Praga

praga3d

Hace una semana exactamente yo estaba en Praga, y vaya que se me ha pasado rápido la semanita, incluso el mes, que yo estaba seguro que el día 1 era mañana y no, que ya ha sido hoy, igual la culpa la tiene el Google Earth, que me tiene absorto. Ahora que me he decidido a apagarlo, mejor me dispongo a escribir algo sobre mi viaje.

Salí de Budapest sin haber dormido a las seis de la mañana de la estación de Keleti.

Vías

El viaje de siete horas y media fue horrible. La puerta automática entre vagones que no funcionaba, y cada vez que se cerraba, se habría sola, y se volvía a cerrar, y abrir de nuevo, y no había forma de pararla. Era como una pesadilla, sólo que no estaba dormido, que era lo que más deseaba hacer. Unas niñas de tres o cuatro años en el asiento de atrás de mi no paraban de gritar y jugar. Y, claro, al atravesar cada frontera primero un policía te pedía el pasaporte, y luego un revisor te pedía el billete. Debió ser como cinco veces. Y para colmo el aire acondicionado estaba al máximo. Un horror, vaya.

Cuando llegué ya estaban Estela y su madre en el hotel, y sólo nos dio tiempo a comer algo rápido porque habían contratado un tour de éstos opcionales que montan las agencias de viaje para sangrarte más todavía. La guía hizo su papel; un recorrido rápido de tres horas por el Castillo y el centro de la ciudad, avasallando con miles de datos, fechas y personajes históricos, y cobrándonos un riñón por cabeza.

Los guardias a las entradas del castillo son como los de Buckinham, que no mueven un pelo aunque les muerdas la nariz:

Guarda del Castillo

Mi mujer se enamoró de éste:

Guardia guapo

Lo que llaman el Castillo no es un castillo tal como lo entendemos, sino un recinto amurallado con un montón de edificios y rincones dentro, incluyendo la Catedral de San Vito:

Catedral de San Vito

Bajando del Castillo vimos el barrio de Mala Strana. Lo más curioso de este barrio es que, como las casas no tienen numeración de calle, se nombran según el símbolo de la puerta. Me gustó la casa de los tres violines (foto), pero hay también la de la estrella, el cisne, etc.

Casa de los tres violines

Atravesando el puente de Carlos, llegamos al barrio viejo.

Puente de Carlos

Allí está el famoso reloj astronómico, del que cuentan que dejaron ciego a su autor para que nunca pudiera repetir la obra maestra.

Reloj

A las horas en punto se abren las compuertas y van apareciendo los apóstoles, mientras la muerte toca la campana:

Reloj dando la hora

A praga la llaman la ciudad de las mil torres (donde digo mil, poned lo que querás, he oído varias versiones), las más bonitas para mí son las de la iglesia de Nuestra Señora de Tyn:

Torres en Praga, de la iglesia de Tyn

Un tranvía, por poner aquí otra cosa típica:

Tranvia

Después de mostrarnos el reloj, la guía se fue y nos dejó allí en el centro de Praga. Decidimos ir a cenar y nos metimos en un bar donde tocaban rock en directo. Esa noche dormí como un rey.

El sábado por la mañana decidimos pillar un barco por el río desde el embarcadero que está frente al edificio de Ginger y Fred.

Crucero por el río

El barco nos llevó, después de una hora y cuarto y tras pasar por dos canales con esclusas (algo muy curioso de ver, ascensores de barcos), a otra zona de la ciudad llamada Troja, donde básicamente hay un castillo (ellos le llaman Troja chateau, pero a mí me parece más un palacete) y el zoológico. El palacio es un museo con cuadros, y nos gustó bastante, y el que más me gustó fue éste, que es La alegoría de la vigilancia de Alphonse Mucha:



El Troja Chateau:

Troja chateau

En el foso que se crea entre las dos partes de las escalinatas, está esta estatua, que me encantó:

Estatuas a la entrada del castillo de Troja

Comimos en un restaurante de por allí y al atardecer volvimos al centro de la ciudad. Atravesando uno de los puentes y subiendo en funicular a una montañita hay una réplica de la Torre Eiffel de París, pero seis veces más bajita. Aún así, son 299 escalones los que hay que subir para llegar al mirador, donde hay una vista de toda la ciudad y en ese momento había una tormenta.

Torre Eiffel

El domingo, tercer y último día, paseamos por el barrio judío y después volvimos a subir al castillo para entrar en el callejón de oro, una callecita turística con tiendas de souvenirs que tiene la curiosidad que en una de las casitas vivió el mismísimo Franz Kafka con su hermana. Y, como luego os quejáis de que no salgo en las fotos, aquí estoy con mi camiseta de naranja exprimida:

Café de Kafka y yo

Después de comer era hora de tomar el tren de regreso, me despedí de mi adorada mitad hasta dentro de tres semanas y de mi suegra hasta diciembre, si todo va bien, y en el tren de vuelta utilicé gran parte de las casi 8 horas de viaje en pulirme 120 páginas de Quijote, con lo que sólo me quedaron 20 para terminarlo por fin.

Y para celebrarlo, os invito a unas frescas, sabrosas y baratas cervezas checas.

Cervezas