Txapulines al limón

martes, julio 26, 2005

El tercer hombre


En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿que tenemos? El reloj de cuco.

Esta frase la dice el personaje de Orson Welles después de una tensa conversación con el protagonista, el escritor Holly Martins (el personaje de Joseph Cotten). Durante esa conversación, y subidos en lo alto de la noria de Viena, el personaje de Welles observa las pequeñas figuras humanas que se mueven como hormigas en el parque de atracciones. Es entonces cuando justifica el asesinato de cualquiera de esos insignificantes seres a cambio de una interesante suma de dinero. Bajando de la noria, la famosa frase sobre Italia y Suiza. Hay que ver cómo cambia el sentido y significado de una frase sacada de contexto y repetida como una de las frases más famosas de la historia del cine. Es cierto que la frase es impactante, pero no deja de ser una justificación de la guerra, el horror y el nulo respeto por el ser humano, y siempre he pensado que mejor 500 años de paz y relojes de cuco, que dominación y guerra, aunque me quede sin Leonardo Da Vinci. Claro, puesta en el contexto de la película, la frase es mucho mejor que todo esto, porque queda como una demostración de las falacias y retorcidos argumentos que utilizan los fascistas para justificar la dominación, el asesinato, la muerte y la guerra.

Aparte de la reflexión, vayamos al grano, que es la peli en sí. Hacía tiempo que la tenía en el estante de pelis por ver y como estuve en Viena hace diez días pues qué mejor película que ésta para ponerme a recordar localizaciones. Pues, a parte de que el protagonista se aloja en el hotel Sacher, donde los postres y tartas de chocolate, y que queda con otro de los personajes en el café Mozart, pues la Viena de la película no tiene nada que ver con la actual. La ciudad es un escenario destruido y degradado por la guerra, repartida entre las fuerzas policiales británicas, francesas, alemanas y rusas, y a donde un pobre escritor estadounidense (Joseph Cotten) llega porque un tal Harry le ha ofrecido trabajo. Enseguida se encuentra con que el tal Harry ha muerto atropellado, y el escritor, convencido que Harry ha sido en realidad asesinado, se convierte en detective tras la pista de los posibles asesinos. Por supuesto ha de haber un personaje femenino, que como en todo cine negro ejerce el rol de femme fatale. Anna (Alida Valli, no tan fatale, en realidad), la novia del muerto, acabará siendo para el protagonista algo más que una simple testigo.

Quisiera destacar la fotografía, con el uso casi abusivo de las sombras y planos torcidos, que junto con la trama en clave de intriga policial, y la aparición de la femme fatale (aunque, como he apuntado antes, no es de las más representativas) hacen de El tercer hombre una de las películas claves del cine negro.