Txapulines al limón

domingo, julio 10, 2005

El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Aun reconociendo la maestría de la obra de Cervantes, es un libro que no me ha enganchado y que lo he terminado por el propio orgullo de decir que he leído El Quijote.

La prueba está en que hace dos semanas me leí 120 páginas en el tren, volviendo de Praga a Budapest y sólo me quedaban 20 para terminar el libro, que no he terminado hasta hoy. No vayamos a echar toda la culpa al libro, reconozco que el vago soy yo, pero que el libro no engancha, también es cierto.

La línea argumental es escasa, Quijote sale de su pueblo y vuelve, convence a Sancho para que le acompañe y vuelve a salir. A partir de ahí sólo hay tres localizaciones principales, la posada que Quijote cree castillo, la Sierra y el camino, sobretodo, donde ocurren los episodios del libro. Fundamentalmente, el libro es eso, un anecdotario con multitud de pequeñas historias extrañas y divertidas que parten de las locuras de su protagonista.

No voy a ponerme a hacer un estudio de personajes, lenguaje, narrativa, etc., porque, primero, no me corresponde, y segundo, quizá es el libro más estudiado del planeta (depués de la Biblia y demás), y seguro que no digo nada nuevo. Sólo que de las multiples lecturas que tiene la obra, me quedo con la del punto de vista narrativo, que Paul Auster estudia tan bien dentro del libro Ciudad de Cristal, y lo reutiliza para su propio punto de vista narrativo en su obra, además de jugar con ello en muchos de sus libros.

Por un lado está el concepto de autoría, del creador de la obra. En un momento de El Quijote, Cervantes nos dice que la historia que nos está contando de El Quijote no es suya, sino que se limita a mandar traducir un manuscrito en árabe que le compra a un muchacho que "llegó a vender unos cartapacios y papeles viejos", y que está escrito por el historiador árabe Cide Hamete Benengeli. Esto está íntimamente relacionado con la credibilidad de la obra: el presentarnos lo hechos narrados como ciertos es el juego que Cervantes nos presenta al inventar esta metanarrativa de trasvase de autores, igual que Pérez-Reverte en La Reina del Sur y Paul Auster en casi todos sus libros. Aún así, en varios momentos de la obra se nos pone en duda esta credibilidad, es el aviso que nos hace de que posiblemente lo que nos cuenta no sea tan cierto:

Capítulo IX:
Si a ésta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos; aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado.

(¡ejem! Lo sé. La frase es racista, imagino que Cervantes lo era un rato, ya que no es la única frase de este estilo que hay en el libro.)

Capítulo LII (último de la primera parte, por cierto):
Y los que se pudieron leer y sacar en limpio fueron los que aquí pone el fidedigno autor desta nueva y jamás vista historia. El cual autor no pide a los que la leyeren, en premio del inmenso trabajo que le costó inquerir y buscar todos los archivos manchegos, por sacarla a luz, sino que le den el mesmo crédito que suelen dar los discretos a los libros de caballerías, que tan validos andan en el mundo; que con esto se tendrá por bien pagado y satisfecho, y se animará a sacar y buscar otras, si no tan verdaderas, a lo menos de tanta invención y pasatiempo.


Además está el juego de poner historias dentro de historias, como cuando se encuentran dos manuscritos que un inquilino anterior se había dejado en la posada y leen uno de ellos (El curioso impertinente, quizá la parte más pesada del libro) y resulta que el otro es Rinconete y Cortadillo, otra conocida novela de Cervantes.

Posts relacionados: Autoría y credibilidad, donde analizo el mismo tema, pero para La Reina del Sur, de Arturo Pérez-Reverte, y para El libro de las ilusiones de Paul Auster.

Total, que me queda la segunda parte, pero descansaré un tiempecito de Quijote antes de empezarla. Ahora toca La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón.