Txapulines al limón

sábado, abril 09, 2005

Chuck Berry el Joven



Hay un momento de Regreso al futuro en el que, en el pasado, en 1955, el guitarrista de la banda que ha de amenizar la fiesta de graduación donde los padres de Marty McFly se besan por primera vez queda herido en una mano, y por supuesto Marty debe sustituirle para que sus padres puedan besarse y así evitar un futuro en el que él no existiría. Después de varias viejas baladas, Marty toca un rock'n'roll que todavía no existía, Johnny B. Goode, y la gente del baile flipa. En ese momento el guitarrista herido coge el teléfono y llama a alguien: "Chuck. Chuck. Soy Marvin, tu primo. Marvin Berry. ¿Sabes ese sonido que estabas buscando? ¡Pues escucha esto!". Dando pie a otro bucle temporal, y un magnífico chiste.

Esta era mi única referencia previa hasta hace una semana que me enteré que un tal Chuck Berry venía a Girona. Unos amigos me alertaron de la oportunidad única y compré las entradas. Y me enteré que Chuck Berry es mucho más que una simple referencia en una de mis películas favoritas. Si fue el creador del rock'n'roll o no es opinable, y ahí no entro, pero que las canciones que escuché ayer han sido versionadas por mis grupos favoritos (incluyendo los Beatles y Dire Straits) y han influenciado a todo el rock que vino después, es un hecho. Concretamente, tanto Sultans of Swing como Walk of Life, canciones que justo vi tocar en directo por Mark Knopfler el jueves, no dejan de ser versiones encubiertas de..., mejor dicho, son claros homenajes (en ritmo y temática de la letra) a Johnny B. Goode y compañía.

Pues bien, ayer asistí a una parte de la historia del rock, concretamente a sus inicios y de la mano del mismísimo artífice de Johnny B. Goode, quien cincuenta años después, y a sus setenta y ocho años, sigue con la misma energía, la misma voz, los mismos requiebros de cintura y el característico andar de pato (ver la foto), y especialmente el ánimo de mover a un público completamente entregado y alucinado. Y además, muy divertido.

Tocó sólamente durante una hora justa, pero fue un completo éxtasis de principio (empezó con Roll Over Beethoven) hasta el final, con un impresionante Johnny B. Goode, con el que hizo subir a unas veinte chicas al escenario para que le coreografiaran. Entre éstas dos, un montón de canciones conocidas, de las que me quedo con la deliciosa Sweet Little Sixteen y la divertidísima My Ding-A-Ling.

Ya quisiera yo ver al de anteayer hacer lo mismo que éste dentro de veinte años.

PD: Me olvidaba, pero hoy está en Madrid, y mañana en Cartagena, a ver si alguien llega a tiempo...

Referencias: