Txapulines al limón

lunes, marzo 28, 2005

La aventura del pasaporte: parte III: Burocracia

El viaje a México fue nocturno, cinco horas y media de 2 a 7h30 de la madrugada en las que pensaba que lo pasaría peor, pero no dormí mal en el autobús. Llegando lo que teníamos que hacer era llamar a un contacto que alguien nos pasó y que nos facilitaría el trámite. Llamamos y nos dio cita a las 10h de la mañana. Aprovechamos para hacer los últimos trámites (las fotos, vaya) y a las 10 nos presentamos allí. Había una cola de gente enooorme, y nuestro contacto se había puesto a hacer cola por nosotros. Eso me dio pista de dos cosas: primero, la nobleza y buena voluntad del señor para ayudarnos, pero segundo, la poca influencia que tenía el señor no le servía para saltarse colas. Me dijo algo así: "Lamento no poder ayudarles más, antes sí que conocía a gente de pasaportes, pero ahora los han cambiado a todos... Eso sí, si hacen el trámite como si pidieran un pasaporte nuevo en vez de renovar uno perdido, seguro que es todo más rápido y lo tendrán hoy. Es lo más que puedo hacer." Gracias y bye.

Ya adelanto que eso que parecía un consejo, no era más que una gran putada, probablemente involuntaria, pero putada al fin y al cabo. De entrada, para un pasaporte nuevo piden mucho más papeleo que para uno perdido, y mucho más que para una simple renovación. Yo me puse en la segunda cola (la primera era sólo para información y chequeo de la corrección de todos los papeles, donde si todo estaba bien te daban un impreso que rellenar mientras haces la segunda col para entregarlo todo), yo estaba en la segunda cola, decía, mientras Estela se iba casa de sus padres y a su parroquia (cágate lorito) a buscar, respectivamente, el título de estudios de primaria, y una fe de bautismo. Después de una hora y cuarto en la cola 2 ya estaba el primero, y Estela todavía no había regresado. Mi desesperación era tal que llegaba a comprender a los niños que provocaron la masacre de Columbine, estaba creciendo en mí un sociópata tal, que me extrañaba que no me miraran raro los de mi alrededor porque yo estaba seguro que ya tenía los ojos azules, la piel verde y que se me estaban desgarrando la camisa y los pantalones tejanos.

Estuve un cuarto de hora más dejando pasar gente hasta que llegó Estela con todo. Sólo tuvo un par de problemillas: primero, no pudo disimular que tenía el pasaporte antiguo, y la sargento del módulo de información no le quería dar el formulario, puesto que no era para primera vez, sino para renovación, y para eso necesitaba la denuncia de pérdida oficial, ya que la que nos habían hecho en Acapulco no valía porque se habían quedado el original. La "improvisación Estela" se puso en marcha: en un momento de despiste de la sargento un impreso voló milagrosamente a la carpeta de Estela. Ya sólo tenía que esconderse de la sargento durante las dos horas más que estuvimos ahí dentro. Llenó el formulario y.... ¡meeeeec! la firma se había salido del lugar requerido, menos mal que nos dieron otro formulario allí mismo sin tener que volver a pasar por l sargento. Pasamos entrega de papeles y llegamos a la fase 3, donde esta vez no había que hacer cola porque les llamaban por nombre y apellidos para la foto digital y la toma de huellas. Eso fue como 45 minutos y después sólo nos faltaba esperar a la entrega de pasaportes otros cuarenta minutos escondiéndonos de la bruja-sargento. Cuando ya entregaban los pasaportes de nuestro grupo (hay que ver la de amistades que se hacen en las colas de la administración), a Estela no la llamaban... y la llamaron más tarde desde otro módulo: "Usted nos ha mentido, metió papeles para hacer el pasaporte la primera vez y ya tenía hecho uno antes. Tiene que volver el lunes y empezar todos los trámites de nuevo." Así de contundente. Mis piernas flaquearon, el sudor frío asaltó mi frente, y nuestra voz temblorosa asomó para hacer lo único que ya nos quedaba: suplicar.

De algo debieron servir nuestras caras blancas, mohecinas y desesperadas, porque uno de los funcionarios nos preguntó qué había pasado y se dignó a ayudarnos. Eso sí, nos pidió que fuéramos a hacer de nuevo una denuncia oficial de pérdida de pasaporte, las fotocopias correspondientes, y que le entregáramos el pasaporte vencido, con copias igualmente. Esto se dice rápido, pero nos llevó una hora más. Ya hacía rato que habían cerrado admisión de papeles y sólo quedábamos en la oficina los cinco o seis que habíamos tenido problemas. La palabras del último funcionario, el bueno y compasivo, fueron las siguientes: "Miren, yo no voy a tener esto para hoy, y en realidad no podría darle un nuevo pasaporte hasta el jueves que viene", claro que se nos pusieron los huevos por corbata, "pero hay una posibilidad para el lunes, y consiste en saltarnos el tema de la pérdida del pasaporte, porque el pasaporte que a nosotros nos consta como último es el que tenemos aquí entre manos, aunque caducado y cancelado, lo podemos utilizar para hacer una renovación simple y llana. Si así lo hubieran expresado de buen principio, ya tendrían un pasaporte nuevo en sus manos. Les espero el lunes aquí a las 8 en punto de la mañana. Vengan directamente conmigo sin pasar por la fila de admisión."

¿Qué nos quedaba? Darle las gracias, y hasta el lunes. Y claro, cambiar el vuelo, porque nosotros nos íbamos a ir ayer por la tarde. Cambiar el vuelo cuesta 120 euros más iva cada uno, y eso se lo apunto a la cuenta del famoso contacto que nos amargó la mañana por un falso consejo.

Y como no hay mal que por bien no venga, tenemos dos días más de vacaciones a cuenta de los que nuestros respectivos jefes decidan, y espero que no sea nada grave. Esta mañana hemos ido a buscar el pasaporte y hemos estado allí menos de una hora.

Nos queda un día y medio para disfrutar de México.