Txapulines al limón

lunes, marzo 28, 2005

La aventura del pasaporte: parte II: Acapulco connection

El plan de viaje incluía irnos a Acapulco el domingo por la mañana después de pasar la primera noche en el Distrito Federal. En cuanto al pasaporte nuestras esperanzas estaban puestas en que la oficina de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en Acapulco estuviera abierta y operativa el martes, ya que el lunes 21 de marzo fue festivo en México por ser el aniversario de Benito Juárez, un presidente de hace unos 100 años.

La oficina estaba abierta, pero no operativa, ya que sólo había dos personas y lo que hacían era recopilar el papeleo para entregar los pasaportes el lunes (hoy) 28. Opción descartada, ya que teníamos intención de estar en Acapulco sólo hasta el Jueves Santo, y yo ya entreveía que ni eso, puesto que sólo nos quedaba el miércoles para arreglar papeleo y tendría que ser en DF.

Se me ocurrió una alternativa, ya que a Estela le acaban de conceder la nacionalidad española, aunque todavía no ha tramitado el pasaporte español, si había un cónsul español en Acapulco, quizá nos podría ayudar. Sí que existía, y resulta que era el mismísimo gerente del hotel donde nos estábamos alojando. Vamos, que el Consulado de España en Acapulco estaba al ladito de la recepción del hotel, y yo sin enterarme. Conseguimos una cita con el señor Cónsul Honorario, y fuimos a desayunar mientras esperábamos. Puntuales acudimos todos a la cita y le explicamos al cónsul nuestro caso. Nos contó que por la vía española no había nada que hacer, que tendríamos que hablar con la Embajada (en DF), y que sería más complicado, pero sacó su agenda privada y le hizo una llamada al mismísimo jefe de la SRE en Acapulco..., quien le confirmó que no pensaba trabajar hasta el lunes y que nos fuéramos a tomar por... DF, pero con diplomacia, como tocaba.

Nada, nos tocaba comprar billetes de autobús de vuelta a México, e intentar adelantar algún trámite, como el pago de derechos o la denuncia de pérdida, y, después, echar unas lagrimitas y despedirnos de la playa dos días antes de lo previsto.