Txapulines al limón

lunes, marzo 28, 2005

La aventura del pasaporte: parte I: La llegada a México

Voy a contar toda la historia, no sólo por la pura anécdota, sino porque creo que le puede ser de utilidad a quien desgraciadamente pueda pasar por lo mismo...

Pues todo empezó el día antes de irnos, cuando ya hay que hacer la maleta, regar las plantas, y, sobretodo, preparar todos lod papeles del viaje, los billetes de avión..., no, que son electrónicos, y los pasaportes. El mío, sí, estaba en su lugar, y cuando Estela busca el suyo, sólo encuentra el que tenía antes, el caducado. Esto fue a la hora de comer, y poco antes de regresar al trabajo el viernes por la tarde. El plan original era llevar la maleta al trabajo de Estela, y luego yo la pasaba a buscar para ir juntos a la estación de tren hacia Barcelona, donde tras dormir unas pocas horas cogeríamos el vuelo a México vía Frankfurt.

Primer cambio de planes: a las 7 de la tarde volvíamos a casa para ponerla patas arriba y buscar el pasaporte en todos y cada uno de los rincones de la misma. Exhaustos, a las 2 de la madrugada del día del vuelo, sólo una conclusión era posible: si el pasaporte existió alguna vez, desde luego no estaba en casa.

Por suerte, previamente se me ocurrió webear un poco por horrorosas páginas dignas de Qué web!, y adivinamos que Estela podría entrar en México sin pasaporte si podía demostrar que era Mexicana; una partida de nacimiento, el pasaporte caducado, y la matrícula consular podrían ayudar a eso. No hubo mayor problema más que las escrutadoras miradas de las respectivas aduanas de Barcelona, Frankfurt y México, y en esta última le dijeron con contundencia: "Haga el favor de sacarse un pasaporte". No, si ya, ya era esa nuestra intención. Pero ya lo solucionaríamos, por lo menos habíamos entrado.