Txapulines al limón

lunes, marzo 07, 2005

El cine negro

Cuando la profesora de francés me dijo que mañana tendría que hablar durante cinco minutos de un tema, y me preguntó cuál, yo (loco de mí) le contesté: film noir. Como quien dice: Mon voyage à Valencia, le dernière week-end. Vamos, igual de fácil. De momento he investigado un poco...

Aunque los mismos americanos le llaman film noir, no tiene nada que ver con el cine francés. Sí que habrá cine negro francés, sin duda, pero no es el origen de este subgénero del cine de mafias, cine criminal, o de misterio. Eso sí, quien inventó la expresión en 1946 fue Nino Frank, un crítico de cine francés, claro.

El cine negro como tal se dio fundamentalmente en Hollywood en los años 40 y 50, y deriva, por el lado argumental, del cine criminal y de mafias de los años 30, y por el lado estético, del expresionismo alemán. Si no se dio antes y no se da después (aunque esto es discutible, ya lo veremos), es porque el cine negro es hijo de su época. Las primeras obras maestras se dan durante la segunda guerra mundial, ciertamente una época de pesimismo histórico que entronca directamente con los personajes decadentes y moralmente ambiguos del cine negro. El Halcón Maltés (1941), de John Huston, se considera la peli que da el pistoletazo de salida al subgénero, que podría culminar en Sed de Mal (1958), de Orson Welles. Después de eso, pocas excepciones como Chinatown (1974) o Fuego en el Cuerpo (1981), siguen las directrices de un género que, quizá, sólo se puede entender en blanco y negro. En los 90 podríamos nombrar dos películas que sí son cine negro, pero sólo por su pretensión de ser un homenaje al género: Instinto básico (1992) y L.A. Confidential (1998).

Un detective con gabardina y sombrero (véase Humphrey Bogart), elegante, pero con un punto de desaliño (psicológico, especialmente), pesimista e impávido. Una mujer bellísima y vestida de negro, viuda o con problemas en su matrimonio, incluso seguramente querrá matar a su marido, o ya lo habrá hecho. Él se enamora de ella, pero nunca lo demostrará aunque se le pudra en las entrañas. Ella no puede amar, sólo se ama a sí misma, o ni eso, y lo utilizará a él, como a los demás hombres, como a su marido, para coseguir posición social, dinero, o simplemente porque es mala. Mala, sí, pero triste, infeliz y sola, muy sola, víctima de su propio vacío interior.

Y afuera todo es blanco y negro, más negro que blanco, más bien el gris de la niebla nocturna de una ciudad llena de sombras y farolas, o de los vahos alcohólicos de un bar donde todos fuman y pocos hablan.

Todos los grandes directores de la época dedicaron una o varias películas al cine negro. Fritz Lang, el genio del expresionismo alemán, no cambió de registro visual al pasarse a su etapa sonora en Hollywood y utilizó sus mismas sombras y claroscuros para mostrarnos la misma pesadumbre de otros personajes. Hitchcock construyó su filmografía sobre el género. Y el resto de obras maestras están dirigidas por Otto Preminger (Laura (1944) y Cara de ángel (1953), quien puso la más gran belleza al concepto de femme fatale, con Gene Tierney y Jean Simmons, respectivamente), John Houston (la mencionada El Halcón Maltés y La Jungla del Asfalto (1950)), Raoul Walsh, Howard Hawks, ... incluso un primerizo Kubrick (Atraco Perfecto (1956)) o el rey de la comedia ácida Billy Wilder (con Perdición (1944) y Sunset Boulevard (1950)), se acogieron a la moda. Y Orson Welles, que le puso punto y seguido en 1958 con Sed de Mal.

Y en cuanto a la femme fatale, copio a discreción de esta web. Yo no lo hubiera escrito mejor ;):

Cuando nos acercamos al tema de la mujer fatal nos encontramos tanto referencias literarias (Pandora, Carmen) como referencias del mundo animal: la mantis religiosa que devora a su compañero masculino tras el acoplamiento; la araña que teje su red para atrapar a las incautas moscas; y en tercer lugar, la femme fatale, insecto que imitando a una luciernaga devora a los machos que la cortejan por error.

Pero, sobre todo, la mujer fatal más fascinante es aquella que juega con la ambiguedad, sabe jugar con este sentimiento. Utiliza su belleza y su sexualidad como armas para lograr lo que desea mediante la seducción.La fatal utiliza su cuerpo como señuelo, con él provoca, intriga, miente y manipula utilizando como armas la belleza y la sexualidad, que le sirven para obtener beneficios lucrativos. Su elección moral tiene como núcleo su objetivo de ascensión social: el poder, el dinero, el lujo. Por ello está dispuesta a arriesgarse con una determinación única en el cine.Por todo esto, esta heroína generalmente se encuentra fuera de los límites de la familia nuclear y el triángulo amoroso se convierte en la estructura narrativa dominante de estas películas.

La fatal utiliza su fina sensualidad y sus pérfidas miradas para reclamar la atención de quien observa como actúa. Las fatales se permiten el lujo de utilizar un arma, fumar, cantar, conducir intrépidamente, desear el dinero sin pudor, etc. La mujer fatal es bella, inteligente, valiente, ... pero peligrosa: el cine negro relaciona su inteligencia con el fatalismo. En las novelas negras y películas de este género es descrita con un halo de deseo sexual implícito ante el que los hombres se rinden sin resistencia, aunque saben que esta mujer puede ser su perdición.

Pero, tras esta fachada, nos encontramos una característica fundamental de la mujer fatal: su soledad. Viste de negro como las viudas; es una mujer que ya ha estado con un hombre y su pasado le persigue allá donde vaya o conozca a quien conozca. No tiene familia, siempre está huyendo de algo, su familia forma parte de un rincón oscuro de su mente que no quiere recuperar.

Las autenticas mujeres fatales viajan solas, fuman solas, beben solas, es un tipo de mujer que como casi todo el cine negro sólo puede darse en las ciudades. Entra y sale de bares, juega en los casinos y vive en hoteles: la única lumbre del hogar que existe para la mujer fatal es la que arde en el extremo de su cigarrillo. A veces pueden compartir un cigarrillo o encenderselo a un hombre como quien enciende una pasión. Es una imagen de mujer a base de unos pocos trazos, tan leves que parece algo intangible, etereo como es el destino o la muerte.


Vamos, que ahora sólo me queda traducir... (¡Uff!).

Otras referencias: ésta y ésta.