Txapulines al limón

sábado, diciembre 11, 2004

Steamboy


Parece mentira que Akira sea de 1988, ya hace 16 años. Entonces fue la pimera película manga que llegó al gran público y seguramente (se me puede contradecir, no soy ningún experto) la culpable de que hoy haya tantos fans del género. Lo mejor de Akira era su espectacularidad, y el soberano trabajo que representaba en su momento hacer una película de tal magnitud, frente a su argumento ido de la olla y por tanto, poco convincente. Su director, Katsuhiro Otomo vuelve con Steamboy, que se ha presentado en el festival de Sitges y (inexplicablemente, para mí) ha ganado el premio a mejor película de animación. La película narra una historia ambientada en pleno siglo 19 en Inglaterra, en plena revolución industrial, cuando todo eran máquinas de vapor y apenas empezaba la electricidad. Como en Akira, es innegable el mérito artístico de Steamboy, donde allí eran luces futuristas de neón y motos, aquí son efectos de vapor y maquinarias. Lo demás, lo mismo, muchos edificios, grandes ciudades, un final apoteósico, apocalíptico y absurdo y un argumento loco, inverosímil y sin ritmo. Una gran rallada mental.