Txapulines al limón

martes, septiembre 07, 2004

Rumbo a EUROGRAPHICS 2005

Volví el viernes de pasar una semana muy intensa en Grenoble, una ciudad muy bonita y rodeada de impresionantes montañas que forman parte de los alpes más occidentales. Una semana en que, al contrario de lo que ha ocurrido en Catalunya y de lo que se podía esperar, ha hecho mucho sol, calor y humedad en la Francia oriental.

Llegué hasta allí en tren desde Girona el sábado 28 de agosto por la tarde, muerto de hambre, ya que no había comido. Después de dejar las cosas en el hotel me dediqué a buscar un restaurante donde me sirvieran una temprana cena o una muy tardía comida, pero fue inútil hasta que sobre las ocho empezaron a abrir algunos de ellos. Me decidí por un italiano donde comí unos sabrosos espaguetis a la carbonara, solo en la mesa y solo en el restaurante... fui el primer cliente hasta que llegó una pareja de enamorados (¡chispas!) a los veinte minutos.

El domingo me encontré con la gente de Granada, donde fue el eurographics el año pasado. Con ellos he compartido muchos y muy buenos momentos estos días, especialmente el improvisado viaje relámpago a Lyon el lunes por la noche.

Además de asistir a las presentaciones más interesantes, que aunque no lo parezca dan mucho aliento e inspiración para el propio trabajo de investigación, lo más importante de estos congresos es la parte social, donde te invitan a comer queso (en la cheese and wine party) y a cenar foie de canard (en la cena de gala en la bastille) y la admiración que sentías por aquel doctor del que has leído mil artículos y del que has asistido absorto a su última invited talk se cae al suelo hecha pedazos al verlo borracho e intentando bailar un rock'n'roll con la más fea, o solo, que es peor.



El teleférico que sube a la bastille, donde fue la cena de gala del jueves.


Tener conversaciones absurdas con japoneses también es de lo más divertido y edificante, especialmente cuando te das cuenta de que tienes con ellos mucho más en común de lo que creías al nombrar a Shin Chan.

Y renacer, cuando al final, en el viaje de vuelta en coche con el jefe, chocamos contra una caja enorme de cartón que había caído del remolque del coche de delante y afortunadamente no era nada pesada y sólo provocó una hendidura en el parachoques y un sudor frío en la frente...

... y el año que viene no me lo pierdo, allí estaré, prepárate Dublín.