Txapulines al limón

sábado, septiembre 11, 2004

La terminal

El mismísimo Steven Spielberg nos dice que hace sus películas de dos en dos, y después de tratar la ciencia ficción futurista (en Inteligencia Artificial y Minority Report, dos excelentes películas), se ha dedicado a la comedia edulcorada con esencia de aeropuerto. La primera de éstas fue Atrápame si puedes, una increíble historia con Tom Hanks, basada en una anécdota real y convertida en dulce pastelito. Bueno, pues La terminal es también una increíble historia con Tom Hanks, basada en una anécdota real y convertida en dulce pastelito. Si en la primera la anécdota era mostrarnos la historia de un falsificador de cheques (Leonardo di Caprio) perseguido por un agente del FBI que no tiene otra cosa que hacer en la vida (Hanks), en ésta la historia trata de un pasajero que se ha colado en un pozo burocrático que le obliga a vivir en un aeropuerto durante meses. Si la base argumental es poco creíble (estoy convencido que la historia real del iraniano que vive (o vivió) en el aeropuerto de París no tiene nada que ver con ésta en la que se basa), el desarrollo de la historia aún lo es más. Al igual que en las películas de James Bond, donde la credibilidad importa un pimiento mientras haya mucha acción, en La terminal los gags se construyen en base a la risa que den y las escenas románticas se evalúan según el nivel de ternura que ofrezcan. En ningún caso se tiene en cuenta la verosimilitud de las situaciones. Y sí, Víktor Navorsky, el personaje principal, es gracioso y bien construido en cuanto a gestualidad y verborrea (aunque tremendamente inestable en el guión, capaz de ser un gilipollas integral a lo Mr. Bean durante los quince primeros minutos de la peli a de pronto aprender inglés y demostrarnos que sabe hacer el dragón de Gaudí con un canuto), los secundarios son tipo Disney, simpáticos y graciosos, el malo... pues eso, más que malo, malillo, casi travieso, la bella, muy bella, eso sí, pero nada más... algunos gags, muy bien, otros, no tanto, y la supuesta crítica social contra la política de inmigración estadounidense, inexistente.

Total, un pastelito dulzón al que hay que perdonar demasiadas cosas para decir "me ha gustado".