Txapulines al limón

viernes, agosto 06, 2004

La novia muerta

Había una vez un joven que vivía en un pequeño pueblo de Rusia. Él y un amigo se disponían a hacer un viaje de dos días de camino hacia el lugar donde vivía su prometida, con quien iba a casarse.

La primera noche, los dos amigos decidieron acampar a la orilla de un río. El joven que iba a casarse vislumbró en el suelo algo parecido a un extraño palo con el aspecto del hueso de un dedo. Él y su amigo empezaron a bromear sobre el hueso que asomaba del suelo. El joven novio tomó del bolsillo su dorado anillo de bodas y se lo puso al extraño palo. Entonces empezó la danza ritual de bodas: dio tres vueltas alrededor del palo con la alianza, cantó la canción judía de bodas y recitó completo el sacramento matrimonial mientras bailaba. Los dos amigos estuvieron riendo todo el rato.

La risa y el jolgorio desaparecieron de pronto. La tierra tembló y se estremeció bajo sus pies. En el lugar donde estaba el palo se había abierto una gran brecha y un desaliñado cadáver, un muerto viviente salió de debajo la tierra. Había sido una novia, pero ahora no era más que unos cuantos huesos unidos por jirones de piel. La novia muerta todavía llevaba su blanco vestido de seda, pero todo desgarrado y harapiento. Gusanos y telarañas colgaban de lo que una vez habían sido el canesú de perlas y el andrajoso velo.

Los dos jóvenes quedaron horrorizados. Ella empezó a hablar...

- Has bailado la danza de bodas y pronunciado los votos del matrimonio. Me has puesto un anillo en el dedo. Ahora somos marido y mujer y reclamo mis derechos como tu prometida.

Temblando de miedo por las palabras de la novia muerta, los dos jóvenes huyeron hacia el pueblo donde esperaba la joven novia que se iba a casar. Fueron directos a visitar al rabino.

- Rabino, - preguntó sin aliento el joven – tengo una pregunta muy importante que hacerle. Si por alguna razón uno anda por el bosque y se encuentra un palo que parece el hueso de un dedo sobresaliendo del suelo y sucede que pone un anillo de bodas en el dedo y hace la danza de bodas y pronuncia los votos del matrimonio, se ha producido en verdad un matrimonio?

Confundido, el rabino preguntó:

- Sabes de alguien a quien le haya ocurrido eso?

- Oh, no, no! Claro que no! Es una pregunta hipotética.

Mesándose ampliamente la barba, el rabino contestó:

- Déjame pensarlo.

En ese momento, una gran ráfaga de viento abrió la puerta y a través de ella entró la novia muerta.

- Aquí y ahora afirmo que este hombre es mi esposo, él ha puesto una alianza en mi dedo y ha pronunciado los solemnes votos de matrimonio. – dijo mientras su huesudo dedo sonaba como bolsa de canicas al tocar a su pretendido novio.

- Esto es un problema muy serio. He de consultarlo con los demás rabinos. – dijo el rabino.

Los rabinos de los pueblos vecinos se reunieron presto y se unieron en congreso mientras los dos jóvenes esperaban su decisión con gran ansiedad.

La novia muerta esperaba en el pórtico dando golpes con su pie y diciendo:

- Quiero celebrar cuanto antes la noche de bodas con mi esposo.

Estas palabras erizaron todos y cada uno de los vellos del joven.

Mientras los rabinos estaban en reunión, la auténtica novia llegó y quiso saber de qué iba todo el asunto. Cuando su prometido le contó lo que había ocurrido, ella estalló en sollozos.

- ¡Mi vida está arruinada! ¡Mis esperanzas y mis sueños despedazados!¡Ya no me casaré nunca! ¡Ya nunca tendré una familia!

En ese momento llegaron los rabinos y ésto es lo que preguntaron:

- ¿En verdad pusiste un anillo en el dedo del cadáver de la mujer muerta? ¿En verdad danzaste a su alrededor tres veces y pronunciaste los sagrados votos del matrimonio en su totalidad?

Los dos jóvenes, encogidos en una esquina, asintieron con su cabeza. Con grave gesto los rabinos volvieron a encerrarse para proseguir con su reunión. La joven novia derramó amargas lágrimas, mientras la novia muerta se relamía ante la perspectiva de la largamente esperada noche de bodas.

Poco después, los rabinos salieron solemnemente y, tomando sus asientos, anunciaron:

- Como pusiste el anillo en el dedo de la novia muerta y danzaste a su alrededor tres veces recitando los votos del matrimonio, nuestra determinación es que estos hechos constituyen un matrimonio con todas las de la ley. En cualquier caso, también hemos decidido que ningún muerto tiene poder de reclamación sobre los vivos.

Sollozos y murmuros se oyeron desde todos los rincones. La joven novia se encontraba especialmente aliviada. En cambio, la novia muerta clamaba:

- ¡He perdido la oportunidad de mi vida! ¡Ya nunca cumpliré mis sueños! ¡Ya todo está perdido! – y se derrumbó en el suelo. La escena era conmovedora; un montón de huesos entre los restos de un vestido de novia, tirados, sin vida.

La joven novia se sintió invadida por una oleada de compasión por la novia muerta y se agachó para recoger el montón de huesos, colocando con extremo cuidado los jirones de fina seda y sosteniéndolo todo con fuerza, cantó medio murmurando, como si meciera a un bebé:

- No te aflijas. Yo viviré tus sueños, yo viviré tus esperanzas y tendré niños por ti. Tendré suficientes niños para las dos y podrás descansar en paz sabiendo que nuestros hijos, y nuestros nietos y biznietos estarán bien cuidados y nunca nos olvidarán.

Tiernamente cerró los ojos de la novia muerta. Tiernamente la sostuvo en sus brazos y con cuidado y a paso lento bajó hasta el río con su frágil carga. A la orilla del río cavó una tumba y allí la dejó con sus huesudos brazos cruzados sobre su caja torácica, juntando una mano sobre la otra, todavía con el anillo puesto en el huesudo dedo, y envolviéndola con el vestido de novia.

- Aquí descanses en paz. – Susurró – Viviré tus sueños, no te aflijas, y nunca te olvidaremos.

La novia muerta se veía feliz y en paz en su nueva sepultura, porque de algún modo sabía que a través de la joven novia sus deseos se verían cumplidos. La joven novia la fue cubriendo con tierra, lentamente cubrió el cadáver y el vestido en la tumba hasta que quedó completamente enterrada. Finalmente colocó por encima algunas flores silvestres y puso todo de piedras a su alrededor.

La joven novia volvió con su prometido y se casaron en una solemne ceremonia. Vivieron juntos muchos y muy felices años. Y la historia de la novia muerta les fue contada a todos sus hijos, nietos y biznietos, y de este modo nunca la olvidaron, del mismo modo que nunca olvidaron la sabiduría y la compasión que de ella habían aprendido.

NOTAS

En el siglo XIX el antisemitismo se extendía por toda Europa Oriental, incluída Rusia. Ocurría de vez en cuando que las bandas de antisemitas abordaban los grupos de judíos que se dirigían a una boda. Por ser la novia la que tenía que traer al mundo las nuevas generaciones, la sacaban del carruaje y la mataban, enterrándola todavía vestida con su traje de novia.

Estos hechos reales dieron origen a algunas leyendas, entre ellas la de la novia muerta.


Este cuento es mi traducción personal del relato The Corpse Bride, sacado de la página de The Tim Burton Collective.