Txapulines al limón

lunes, agosto 09, 2004

Kill Bill vol. 2

La segunda mitad de Kill Bill es, por lo menos, sorprendente. Después de la gore primera parte aquí uno podría esperar más de lo mismo, simplemente una culminación de la historia empezada, es decir, continuamos con los tachones de la lista hasta llegar a Bill y fin. Y bien, sí, es eso, pero no es sólo eso. Sorprendentemente, Kill Bill vol. 2 es otra película. Después de ver la primera parte, dije que Quentin Tarantino había partido la peli en dos y que lo había hecho muy bien, dándole un golpe de argumento al final de la primera que nos predispone con ganas para la segunda. Ahora, siete meses y medio después de ver la primera, me desdigo y reniego de lo antes dicho, porque Tarantino no sólo ha partido en dos una peli de casi 5 horas, sino que ha dejado para la segunda los momentos de reposo, de diálogo, de definición de personajes y lo importante ya no es tachar al siguiente de la lista, sino mostrar las razones y los sentimientos de esta venganza.

Admito que mis sentimientos son contradictorios con respecto a esta segunda parte. La peli no deja de ser tarantinesca en ningún momento, pero el sabor final que deja es el del buen melodrama, no el de una historieta de venganza hecha a retales de las pelis más kitch de samurais, vaqueros y zombis de los años 60 y 70. La muerte ya no es frívola, como en Pulp Fiction o Kill Bill vol. 1, sino necesaria y dolorosa. Y es que Bill ya no es el enemigo. Bill es padre, amante, maestro, compañero, jefe... Y no, así, matar a Bill no es tarea fácil.