Txapulines al limón

jueves, julio 15, 2004

El vuelo de Lina

Os presento a Lina:



Es nuestra periquita y tiene novio, que como no puede ser de otra manera se llama Morgan y se quieren mucho.

Esta mañana no me sentía muy bien: los aires acondicionados y demás han hecho estragos en mi sistema respiratorio y he decidido quedarme en casa a cuidarme un rato. Como los periquitos casi no tenían comida, he cogido su comedero de plástico y en el balcón he soplado las cáscaras de las semillas que eran casi la totalidad del contenido del recipiente. Las pocas semillas que quedaban las he metido en el otro comedero y en vez de llenar el vacío lo he dejado en el fregadero para lavar, pensando en que más tarde ya limpiaría la jaula, les cambiaría el agua y les pondría nueva comida. He ido a dormir un rato, cerrando la puerta de la sala porque, además de simpáticos, los pollos, como cariñosamente les llamamos, son extremadamente ruidosos.

He dormido algo más de una hora y al despertar, aun con las dos puertas cerradas se oían claramente los graznidos de la pareja, pero no de forma alborotada y sin sentido, como normalmente chillan, sino que estaban dialogando, ahora chilla uno, ahora grazna el otro...

Abro la puerta de la sala y oigo un revoloteo. Algo azul sobrevuela la mesa y cae detrás del sofá. Luego silencio.

Lina ha conocido hoy la libertad durante un rato. Los quince o veinte litros de aire de su jaula se han ensanchado hasta ocupar varias decenas de metros cúbicos de la sala-comedor-cocina de nuestro pequeño piso de Girona. Enseguida se le han hecho demasiado grandes. No sabe volar en tanto espacio y por eso cae a los pocos segundos de alzar el vuelo. Y allí se queda, quietecita y miedosa en el suelo, mirándome con aires de interrogación y, de vez en cuando llamando a Morgan, quien le contesta desde la comodidad de la jaula: "¿Cuándo vuelves?".