Txapulines al limón

domingo, junio 20, 2004

Democracia

Hace una semana yo debía estar votando más o menos a estas horas. Para el lunes tocaba reflexión sobre los resultados y la abstención, pero lo dejé pasar, surgieron otros temas y además me di cuenta de lo poco original que hubiera sido..., no lo digo por mis vecinos de blog, de los que sólo Níniel escribió sobre las elecciones, sino por las páginas de opinión de los diarios y por los programas de debate de las mañanas. Sobre la abstención, unas pocas líneas. No estoy de acuerdo en que la gente no votó porque Europa no nos importa. La gente no votó porque no se sabía a qué se votaba. La única opción que se nos daba desde los partidos políticos fue revalidar el voto del 14 de marzo. Nadie nos explicaba en qué consistiría su papel de Eurodiputado en Bruselas, y de hecho aún no lo sé. Me sigo llevando la impresión de que hemos elegido a cincuenta y tantos de los 750 chupópteros (con todos mis respetos, señorías, no digo que no trabajen, sólo que hasta que alguno de ustedes me explique en qué consiste su trabajo, me permitiré el lujo de dejarme llevar por el sentido común; si normalmente ni tres ni cuatro personas nos ponemos de acuerdo, ¿qué hacen 750 personas en la misma sala, si no es para ver una película?).

Aquí iba una reflexión sobre la democracia que no desarrollaré, más que nada porque mis cuatro años de la tesis ya he decidido usarlos en otro tema. Simplemente soltaré el tema de debate. La democracia en su sentido etimológico de "gobierno del pueblo" no existe. Lo que tenemos hoy en día en los estados más afortunados del planeta es una "ilusión de democracia" cuyo objetivo es tenernos calladitos con la potente arma que es eso llamado "estado del bienestar". No digo que eso esté mal, para nada, por eso yo voto al que me propone que este bienestar quede lo mejor repartido posible... ahí lo dejo.

Total, que como no votamos a un presidente de Europa, nos daba igual, y muchos dejaron de votar (una opción muy válida, por cierto), otros hicieron el voto de reválida que pedían los partidos, e imagino que unos pocos entre los que me incluyo, votamos por el puro placer de participar en el juego democrático. En cuanto a la opción concreta de voto, dejaré que la adivine el lector, sólo diré que he cambiado ligeramente el color del voto esta vez (no así el signo, cosa que no he hecho nunca por cierto), por el puro acto de rebeldía de no revalidar mi opción del 14M.